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domingo, 31 de mayo de 2026

L’Espagne libre


 
Fue en España donde nuestra generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma y que hay veces en que el coraje no tiene recompensa. Esto es, sin duda, lo que explica por qué tanta gente, el mundo entero, siente el drama de España como una tragedia personal»… (Albert Camus: «Prefaci», L’Espagne libre, 1946).

No es fácil sacar fuerzas de flaqueza cuando al desvalido no le queda ni siquiera el resuello. De nada vale decir al rayo no hagas ruido que no aguanto yo tu relámpago. Sólo soy dueño de este privilegiado presente primaveral. Mañana, Dios proveerá. La triste dulzura de este momento compensación es necesaria de mi subsistencia agorera y tambaleante. Jodidos, pero estamos vivos. El que no se consuela es porque no quiere. Y en estos tiempos convulsos y amargos viene Luis García Montero a decirnos que al mal tiempo, buena cara, que la alegría es una forma de resistencia. Porque el amor y la amistad justifican la vida y son un argumento decisivo para la esperanza. Y muy sonriente me adherí al susodicho deseo del poeta granadino. Pero... de pronto paso del azul esperanza de ayer al verde-hierba-vahído de hoy. La esperanza era verde y se la comió el burro. Y antes de iniciar el sol su camino, las tinieblas le arrebataron su sino a la estrella madre de un firmamento resquebrajado, mugriento y malherido.

Frente al azul de esta mañana, pájaros en Babia buscan contentos, y a su aire, entre las hojas de las moreras de los sotos del río algodones para sus nidos sin saber que, al llegar la tarde, las ventoleras de las cumbres sobrevenidas del norte sin piedad arrasarán a sus crías. 


sábado, 23 de mayo de 2026

Invisible vejez



En el pueblo donde vivo, un grupo apenas perceptible, pero valiente y constante de yayoflautas, se juntan los jueves de cada semana en la plaza del Ayuntamiento, reclamando pensiones, residencias, apoyo y acompañamiento para la olvidada tercera edad. Esta mañana coincido con ellos, y tras sus reivindicativas palabras, concluye el acto con un minuto de silencio, otra forma también invisible de hacerse notar y estar presente. Luego desaparecemos como si nada. De la noche a la mañana nos hemos convertidos en unos putos viejos. A nadie le importamos. Lo que no se ve, no existe, ni se le atiende ni se le quiere.

Mejor hablemos de mí. De un tiempo a esta parte noto que la gente no me ve. Y me pregunto si no me habré convertido en algo etéreo, en humo, en nada. Y me siento insustancial, intrascendente. Y me toco y me miro en los espejos de los escaparates cada vez que salgo a tomar el sol por del Paseo Rosales, por ver si tal vez fuera verdad que soy una mera ilusión. ¡Con lo que en otros tiempos me hubiese encantado ser invisible! Hoy, sin embargo me resulta humillante, doloroso.

Recuerdo en mis años jóvenes haber leído un relato cuya tema consistía en las ventajas de ser invisible. Debido a no se qué invento o artificio refractario de la luz, el protagonista de aquella historia se convertía en un ser invisible, condición que le reportaba inmensos beneficios y oportunidades múltiples. Sólo los dioses gozan del don de la invisibilidad. Cualidad tan divina como provechosa, estar sin estar en todos los lugares y guisos, le permitía al sujeto de esta historia actuar de manera impune, beneficiarse y salir airoso de circunstancias adversas. Esta virtud de no ser notado, ni visto por nadie, en aquellos tiempos, fue por mí muy envidiada, la deseaba con todas mis fuerzas. Gracias a ella, dada a mi vergüenza congénita, yo podría pasar desapercibido, detenerme complacido, sin ser mirado mirar cualquier bello cuerpo por mí deseado. En la catequesis de mi infancia se me dio a conocer un dios enriquecido con una serie de atributos, (omnipotencia, infalibilidad, omnisciencia eternidad, omnipresencia). Y si de todos estos atributos y connotaciones divinas, a mí por aquel entonces me hubiesen dado a elegir con cuál de ellas quedarme, sin duda alguna hubiese escogido el don de la invisibilidad: estar en todo los sitios que yo quisiera, y encima no dejarme ver por nadie. ¡Ay lo que yo hubiera dado por ser dueño y señor, tan solo de una pizca de dicha gracia! Me hubiese ahorrado un montón de broncas, pescozones y carreras en aquella mi niñez de hambre, cuando saltaba la valla de bancales ajenos en busca de algún racimo de uva o un puñado de habas. Cual abeja dulzona a la caza de la miel de romero corría yo tras el logro de algún huevo del gallinero de mi vecino el recovero.

Poder tan omnímodo, al protagonista de este relato que hoy recuerdo, con el tiempo le resultó aburrido y no tan placentero. Añora pues el apretado abrazo de los amigos, el contacto físico, los besos, las relaciones carnales, la caricia en su piel de la suave brisa del atardecer, el masaje del fisio de los martes. Por lo que decide regresar a su estado primigenio, dejar de ser invisible. Pero no es posible. Quien alcanzó el cielo de la invisibilidad, ya no se le permite volver a ser mortal.

Y, ahora, a mis años, aquel gran regalo de la invisibilidad, ¡en mala hora me ha sido dado! Hoy lo detesto, me desagrada no ser tenido en cuenta. Lo invisible ni existe, ni vive, ni se le espera. Ser viejo es un estorbo arrinconado, que no se vea, que no hiera sensibilidades ni conciencias. Y lo peor, no es que los demás me miren como si no me vieran, es que nadie sabe mejor que yo, que a todas luces casi ya no existo.

Y yo seguía tocando con mis manos mi cara desolada para reconocerme, pasaba mis manos por mi cabeza rala de canas, pero yo tampoco veía mi vejez. Y mientras en este ridículo punto del planeta unos cuantos viejos peleones reclamábamos este jueves a las puertas de nuestro ayuntamiento ser tenidos en cuenta, en otros lugares de nuestra noble ciudad, corporaciones y ediles homenajeaban a los gerentes de la sanidad privada, que se benefician de los laboriosos y traspasados ahorros de una pléyade de pensionistas, en detrimento de nuestra querida sanidad pública hoy tan esquilmada.

Y el viejo yayoflauta que mi lado estaba en esta exigua, pero loable y aguerrida concentración de los jueves en la plaza del ayuntamiento de Molina de Segura me dice para consolarme: amigo no es la cantidad lo que importa, lo importante es que la llama no se extinga.

miércoles, 20 de mayo de 2026

El árbol caído


 
No tiene donde ir, pero es que no quiere ir a ninguna parte. Hoy triste está, y decepcionado. No se siente bien en ningún sitio. Nada es consistente. Todo le da vueltas: los cedros del Líbano que con tanta admiración cultivó en su conciencia, devorados los descubre esta mañana por innumerables hongos que cubren su tronco firme. El perfume de su noble corteza, desde su planta hasta su cabeza, hoy cubierto está por el ocre amarillo y seco de su corrupción supuesta. Este mismo árbol que ayer fue su ídolo, ante cuyos frutos y sombra se arrodillaba y veneraba..., ¡y cómo se dejaba llevar por su copa encumbrada, guía y bandera de sus pasos perdidos por salones y plazas, mentideros y callejones de incertidumbre, pasajes oscuros!..., hoy, revestido está de hongos y plaga. Fue siempre fortaleza y muralla contra invasores e intrusos, vientos mal intencionados, dique y contención contra fuegos codiciosos que querían arrasar la estabilidad de su hacienda, la cordura de sus principios. Confundido y extrañado por imagen tan oscura y decrépita. Y como quien, después del paso terrible de una dana, se asoma a su huerto, a sus conejeras y gallineros, plantaciones, ideales y sueños de toda una vida, hoy contempla malhumorado y dolorido la caída de aquel árbol que ayer su estela ondeante señalaba el futuro, hacia un cielo prometedor y expectante.

Aquel cándido ciervo de ayer tan esperanzado, hoy precisamente, día en el que todo el país habla de la inculpación de un expresidente de nuestra democracia, este hombre está triste y decepcionado. Y un viejo estoico de principio de nuestra era, se le acerca y le dice para animarle: Amigo, mejor es confiar y ser engañado, que vivir una vida de sospechas constantes.

martes, 19 de mayo de 2026

Pájaro libre encerrado en su jaula

 



Las palabras no mienten, y si mienten es porque no las decimos como se merecen. Lo cierto es que que en este mundo babélico mentimos más que hablamos. ¿O acaso, los ultraderechistas que ayer en las elecciones de Andalucía predicaban que el pájaro puede ser libre, encerrado en su jaula, decían la verdad?

En mis tiempos como maestro de educación infantil, comprobé que los niños daban a las palabras un sentido único, un significado autonómico, independiente y desligado de cualquier otra referencia que no fuera la palabra que ellos ponían en sus bocas. Y me puse a pensar, si no sería mucho mejor que las palabras no tuvieran vuelta de hoja, ni otras acepciones que no fuera la univocidad, su condición única y esencial.

Una mañana observé que dos pequeños reñían por una misma palabra: la palabra papá. No podían entender que el papá de uno fuese también el papá del otro. ¡No, es mi papá papá! -decía uno; y el otro, amenazante, respondía al instante gritando furioso con las mismas palabras a su contrincante: ¡No es el tuyo, es el mío, es mi papá! Los pequeños daban a esta palabra tal poder que, sólo con nombrarla, adquiría para ellos un uso exclusivo, intransferible, inequívoco e incompatible con cualquier otro padre que no fuera el suyo. Un nombre para cada cosa, y cada cosa para su nombre. Y si las cosas y sus padres no hubiesen tenido nombre, pues mucho mejor, nada, fuera de ellas, existiría. Y así se acabarían por fin las disputas en el aula.

Recuerdo que para hacer entrar en razón a aquellos niños enzarzados en su pelea, y que, (debido a su corta edad), no podían comprender el sentido universal y abstracto de la palabra papá, quise hacerles ver que el padre de un niño podía llevar bigote; el padre de otro, ser calvo; que el de más allá, ser rubio, alto, gordo; y que cada niño tenía su papá particular, y que todos los padres por separado podían ser el padre de sus compañeros.

Aquellos niños no admitían el nombre papá desligado de su propia realidad. Ellos consideraban la palabra papá como una unidad unívoca, una unidad lingüística, inseparable de sus vidas. Esta palabra, para ellos, no tenía sentido, separada de la imagen que ellos tenían de sus progenitores. La honradez de las palabras, su unicidad intransferible era su prioridad, su conocimiento concreto. Y fue entonces cuando me puse a pensar, si no nos hubiera ido mucho mejor a los humanos no alcanzar nuestro pensamiento abstracto, aquel que nos define como personas racionales, capaces de digerir conceptos universales, y así jamás poder decir una cosa contraria y distinta de lo que pensamos. Y si nos servimos de las mismas palabras para negar y afirmar lo mismo y lo contrario: el pan al hambriento, indigestar a los pródigos y opulentos; si proclamamos la palabra libertad a voz en grito para cortarles las alas a los que soltarse quieren de sus cadenas, nos metemos en un lío, mentimos como bellacos. Las palabras, separadas de la cosa a las que hacen referencia, son un exabrupto. No en vano los escolásticos definían la verdad como la adecuación de la cosa con el intelecto

¿O es que acaso, los ultraderechistas que ayer en las elecciones de Andalucía cantaban que el pájaro encerrado en su jaula puede ser libre, decían la verdad? Hay pájaros tontos y muertos de hambre, ¡haylos, engañados y estúpidos! que preferimos vivir presos con nuestras cadenas, y recluidos bajo las órdenes de nuestro embustero carcelero y caudillo.



lunes, 6 de abril de 2026

Neuronas descerebradas



Esta mañana leo El encaje roto, cuento de Emilia Pardo Bazán. Y esa idea de la importancia que la más irrelevante cosa, (el casual desgarrón del vestido de novia de Micaelita), tiene en el desarrollo de los grandes acontecimientos me saca de quicio.

Fue la cosa más tonta… De puro tonta no quise decirla; la gente siempre atribuye los sucesos a causas profundas y trascendentales, sin reparar en que a veces nuestro destino lo fijan las niñerías, las «pequeñeces» más pequeñas...
¿Cómo es es posible que una simple neurona desencaminada y rota en la cabeza de un idiota pueda acabar con un pueblo? Con lo fácil que hubiera sido cauterizar antes, sin daño colateral alguno, tan diminuta célula descarriada y loca. Pero por desgracia ya es tarde. 
¿Quién salvará a este chiquillo 
 menor que un grano de avena? 
¿De dónde saldrá el martillo 
verdugo de esta cadena?   
(El niño yuntero. Miguel Hernández)

 

lunes, 16 de marzo de 2026

Soledad confusa


Tomo este título de la dedicatoria de Góngora al duque de Béjar en su Soledad primera.
Pasos de un peregrino son, errante,
cuantos me dictó versos dulce Musa,
en soledad confusa,
perdidos unos, otros inspirados.
Decidí recluirme en la soledad de esta habitación última para confundirme feliz con la oscuridad y sacar lo mejor de su interior. Cuando me invade la tristeza y el hastío, el tedio y la desesperación recurro a la escritura, me aíslo. Y no siempre encuentro alivio.

En la soledad, lo mismo que en el silencio, es donde antes me encontraba más acompañado, era más conciliador y comprensivo con los demás, y mis oídos y mis ojos se abrían a lo ajeno, más atentos, más abiertos al pluralismo cultural, a la globalización, a la inclusión del otro, en palabras de Habermás, el padre de la Teoría Crítica, recientemente fallecido. La soledad del mar, del aire, la soledad del cuarto oscuro... eran mi compañía y entendimiento.

Aquella soledad dulce hoy me amarga, no es por mí deseada. No ando ahora por los senderos de la mística encumbrada en los que la soledad llenaba de sanadora poesía y soledad aquel mi vacío y extravío existencial que tanto sentía.

Hubo un tiempo en que me sentí seguro y cómodo en mi soledad voluntaria. Aquella soledad elegida no me desolaba, ni era confusa, dispersa, impuesta ni atiborrada. Me inspiraba. En ella me encontraba confortable y seguro. Me sabía a calma ¡Y qué solos y a gusto veía yo a los difuntos alejados del bullicio, durmiendo en el camposanto! Sumergido en mi soledad lo pasaba divinamente, en estrecho lazo unido a los vivos y a los muertos en medio de la naturaleza silvestre y virgen.

Y en estos días de concentraciones de No a la guerra, ni la soledad me acompaña, en ella no me encuentro, más bien me araña. Cuando las ideas ya no mueven el mundo, es preciso pasar a las formas, un nuevo estilo. Nuestra cultura está cambiando de base. Lo que no sé es lo que pasará si se deshumaniza hasta el punto que no hagamos nada por evitarlo. El si muove de Galileo es tan trepidante que el perder estabilidad es desalentador para aquellos que hemos sido educados en verdades inamovibles. Y busco la manera de librarme de la soledad. Y no hay manera. Me pongo a escribir, y las letras se me caen de las manos, al igual que a mi amigo el valeriano, se le cayó el acordeón un día antes de morir. Esta soledad de hoy no es la misma soledad que yo ayer tenía como amiga y compañera. La soledad sonora, la soledad oscura, la callada soledad que hablaba, y cual la aurora con sus dedos llenaba de luces y colores las palabras que con tanto orgullo yo escribía, hoy me ha traicionado. 

En tiempos de guerra, dicen, que la escritura debería ser un acto de rebeldía. Mis musas, hoy son insensibles y muy cobardes. Ante tanta locura, crimen y barbarie permanecen mudas como las piedras. 


jueves, 5 de marzo de 2026

Del lado correcto de la historia


Expresión que suena a epitafio, a elegía, a sentencia lapidaria, incuestionable, irreversible, imposible de rebatir. Magister dixit. Claudicación. Vasallaje. Una manera de impedir cualquier debate, tapar la boca a quien quiere respirar por la nariz. ¡Oler a jazmín, y no a pólvora ni a fusil!

Trileros, unos y otros apelan al devenir histórico. La historia nos absolverá. Locos visionarios. Simplifican los hechos, recurren a la profecía como magisterio de verdades absolutas, reveladas. Tergiversan el futuro. El oráculo siempre lleva razón. Como aquella vez cuando la guerra de Irak: Dentro de aquella verdad de Las Azores escondida estaba también la mentira. Regalan cadenas por libertad: La hora de vuestra libertad está al alcance de vuestras manos. Refugiaos. No salgáis de casa. (Donald Trump).

Tratan de justificar lo injustificable, complicar lo evidente. Convertir quieren el edén en un nido de víboras. Echan mano al instinto más salvaje. Furia épica. Rugido del león. El ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Y vamos camino de la Tercera Guerra Mundial. ¡Cuánta razón tenía Stefan Zweig! Y ni siquiera nos avergonzamos de comportarnos como animales. Digo ¿animales? ¡Ellos no lo harían! Yo no sé de historia, pero no pondría al Destino como juez de esta contienda. La responsabilidad es sólo nuestra. Vendrán más años malos / y nos harán más ciegos / vendrán más años ciegos / y nos harán más malos. (Rafael Sánchez Ferlosio). Los humanos hace ya un tiempo que decidimos despojarnos de nuestra humanidad. ¡Arriba therians de la tierra, en pie famélica legión!

Y mientras, como decía Cortázar: muchos poetas siguen escribiendo con tiza en los paredones de las comisarías del norte y del sur, del este y del oeste de la horrible, hermosa tierra.

martes, 24 de febrero de 2026

Héroes anónimos



A bordo del tiempo, escorados en los acantilados previos a la transición, sentados frente al mar de su pasado, los héroes anónimos evocan sus batallas olvidadas. Desde el final de la guerra civil española, los héroes anónimos no perdían la esperanza que el sentido solidario de los países democráticos de nuestro entorno intervendría en la restauración de la normalidad de nuestro país escorado, dejado de la mano de los dioses del Destino.

No fue así; y nació la resistencia sin nombre, pero decidida, organizada, sistemática de todo un pueblo frente a los coletazos de una oligarquía que se resistía a perder sus parcelas de poder. La consolidación de la democracia en España no vino de la mano de ningún rey o patricio alguno. Ese tipo de bichos sólo prolifera arrimándose al sol que más calienta. El resurgimiento de la democracia en nuestro país se debió sobre todo a ese poder telúrico, oculto, profundo y sufrido, capaz de transformar el mundo desde sus cimientos, levadura y epicentro de cuya eclosión resurgió la llama de las libertades. 

La historia se mueve hacia su perfección, más bien debido al esfuerzo humilde de los héroes invisibles, que cual manto de tierra fértil da origen al humus invisible: carbono, hierro, luz y coraje capaz de hacer germinar el fruto verde de las plantas. Pues bien, en España, la Transición se debió a ese movimiento, ese tiempo oscuro que casi nadie menciona, porque si aflorara, las personas que con su silencio combativo lo ejercieron, dejarían de ser héroes anónimos. 

Los héroes anónimos no reivindican nada, sólo evocan desde la sabiduría de su silencio elocuente. Su alma no tiene nombre ni apellidos. Y es mejor que sea así. No hay donante más encomiable que aquel que se da y se entrega para desaparecer. Esta es la condición para que la obra prospere, continúe y trascienda, y no se enquiste en su propio protagonismo. Como ese aire, pneuma y espíritu: no se ve, pero que es capaz de cambiar la rosa de los vientos. 

Son ya las siete de la tarde. El sol se despide de los héroes anónimos, sepultados bajo las aguas de la Transición, no sin antes, en el hoy del ayer conmemorativo, hacer mención a aquellos, camaradas que, en buena lid y asambleados, crearon las condiciones objetivas para que actualmente caminemos en democracia, tras aquellos duros años de resistencia contra la dictadura y el fascismo. 



martes, 20 de enero de 2026

Valor de cambio


Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. (Discurso de Don Quijote a los cabreros)


Rumores recaudadores llegaron a mis orejas de malva virgen. Me hablaron de mi jubilación:
De seguir más tiempo cobrando tu pensión injusta debido a tu longevidad matusalénica, seguro que el sistema quebrará, y ya no quedará ni un céntimo para los que han de nacer mañana.
Y escuché además que, (¡ingratos después haberles dado yo la vida!), no cesaban de reprocharme:
Tardas en estirar la pata más de lo debido, ¿por qué no te has muerto ya, tortuga del pleistoceno? Por tu culpa nuestros nietos dejarán de tener acceso gratuito, a la salud, a la escuela, al paro, y hasta, para cruzar la calle, tendrán que depositar a los pies de la estatua de Adam Smith el óbolo que encienda sus pasos por las sombras de la noche de su pobre caminar en bancarrota y fiado.
Los herederos académicos del padre del capitalismo seguían calentando mi oreja yerma con su brutal filosofía rentista. Y a bocajarro me estamparon que yo solito con los honorarios de mi pensión me había comido casi la totalidad del pastel que era sustento de todos.

Hoy día todo el mundo para demostrar cualquier cosa, por ejemplo, que las brevas no son uvas, acuden a la economía, esa razón suprema y única que predica que todo lo que se mueve alrededor del sol se reduce al dinero. Y los rumores vestidos de contable con birretes y manguitos de chupatintas me demostraron con números sobre la mesa que yo era una carga para las arcas públicas. La esfinge recaudatoria al ver en mi cara un cierto gesto de reprobación, al instante me demostró que yo ya había cobrado en mis años de jubilado el cuádruple de lo que yo había cotizado en mi vida laboral al erario público, y que al haber consumido yo mi cuota alícuota, que me olvidara de mi paguita. No hizo falta que los guardianes del tesoro público me llamaran ladrón para sentirme yo culpable por haberme zampado casi todo el presupuesto de la tarta nacional.

En cuestiones de dinero mi mente deambula por un universo de cifras y nebulosas que nunca lograré entender. No me explico que el billete de papel que yo le doy al carnicero, al instante se convierta en una carrillada de ternera. Ni siquiera sé por qué cinco menos una son seis y tú te llevas las cuatro que sobran. Y por más que le pregunto a Bezos, a los dueños de Apple, a los amos de Google, al astronauta de Tesla, al dios Pluto de Amazon... de dónde sacaron los trillones de sus ganancias, o en qué lavadora pusieron a limpiar sus sucios harapos para que el dinero por sí mismo, sin mediación laboral alguna, de la noche a la mañana se multiplique indefinidamente. Nadie da duros a cuatro pesetas.

Y así es como yo les dije a los fiscales del dinero público que si querían cuadrar sus cuentas que le preguntaran a los magos de la fortuna, que una noche pusieron sus billetes a la luz de la luna, y a la mañana siguiente se encontraron que las estrellas del cielo les había dejado el ciento por uno. Pues eso: que fueran con el cuento ese del justo reparto al rey Midas, a ver si este trilero de los cuartos podría poner apaño a las cuentas del Estado.

viernes, 16 de enero de 2026

Y después de la revolución qué



Jorge llegó a la política cuando el partido todavía estaba legalizado. Incluso fue apaleado y encarcelado cuando, en aquellos tiempos de absolutismo, monarquía y dictadura, el compromiso político era levadura para transformar el mundo.

La valentía, su afilado verbo, su solidaridad y empatía, muy pronto colocaron a Jorge como presidente del CSNID (Comité del Salvamento Nacional para la Instauración de la Democracia). Atraído por su obrero fervor de clase, un coetáneo suyo, un tal Roberto, le dijo que quería alistarse como militante en las filas de su Movimiento. Mejor, no, -le dijo Jorge-, que más haces tú por el pueblo, no interviniendo en política, que ostentando insignia alguna.

Mientras Jorge estuvo al cargo de la institución revolucionaria, fue honesto hasta donde pudo o hasta donde poderes soterrados le dejaron. Supo emplear a cada cual para lo que valía. Y siempre quiso tener a Roberto a su lado, no como mandatario, sino como complemento, como contra partida. Jorge acostumbraba a decir a Roberto: 
Siempre serás la luz de mi buen ver y proceder político, no supeditado a otros idearios revisionistas, contrarios al verdadero sentido de una revolución al servicio de la gente. Si yo soy el alma de la revolución, tú serás su cuerpo, su armadura.
Pero en la vida no hay que ser siempre desconfiado. Y Jorge, el dirigente comprensivo, no pudo por mucho tiempo dejar de recompensar a Roberto con una cartera en su Directorio. Pongamos por ejemplo: secretario del negociado de cultura nacional. Robert desempeñó el cargo a la perfección, cual diestro aspirante a torero, elevando la tauromaquia de la política a su más alto rango: pan y circo.

Y así fue como el rata de Roberto se subió muy raudo al toro de la revolución, se unció fuertemente a sus cuernos y le cogió el gusto a la bestia. Y como buen espada se arrimó tanto al toro del poder, que Jorge al ver su arrojo, los quiebres, su valentía, se sintió incómodo, y hasta cierto punto temió que los triunfos y cortes de orejas de su pupilo acabaran con su vida. Como así fue. Jorge acabó siendo guillotinado por su más leal y protegido amigo.

Y antes de sentir vergüenza de ser ahorcado en plena plaza de la Revolución, Jorge por iniciativa propia, se apeó del burro del poder. El ex-presidente, antes de fraile había sido cocinero, No le importó por tanto ser luego peón de cualquier cosa. Encontró trabajo como friegaplatos en un mesón del polígono de Los abogados.

Muy pronto Roberto también se dio cuenta que su labor como guardián de la revolución no se ajustaba del todo a las ideas de su arrojo torero. Y tal vez, llevado por el ejemplo del ahorcamiento de Jorge, o tal vez convencido por el dicho de aquellos que decían que los que hacen las revoluciones no son las personas más adecuadas para ostentar luego el poder del nuevo sistema instaurado, dejara también, tras su cantado y próximo linchamiento, su puesto libre para el siguiente candidato, que ya se encargaría el nuevo mandatario dejar justo las cosas como antes de la Revolución estaban.

Hoy por casualidad Danton y Robespierre se han encontrado en las colas del paro. Este último demandando un puesto de monosabio en cualquier plaza de toros que se tercie. Y Danton trabajando de conserje en el Ateneo Libertario de una capital de provincias.

Y así acaba esta historia que quiso mostrar, sin conseguirlo, las contradicciones internas que toda Revolución conlleva en sus alforjas de buenas intenciones llenas. Hacer la revolución cuesta, pero más cuesta mantener y gestionar la justicia en esta ínsula de nuestro mundo baratario, más lleno de dones que de piedras, a decir de nuestro amigo Sancho. (Don Quijote de la Mancha. II Parte. Cap. XLV).

jueves, 11 de diciembre de 2025

Elogio de la mentira



¡Ay lo que yo daría con ser sincero y decir a bocajarro lo que me sale del forro. Aborrezco a quienes se atreven y le sobran agallas para decir a degüello: 
La mentira es la verdad, lo negro es blanco, Franco vive, el socialismo roba, el culpable es inocente, la solidaridad y el reparto justo... !al paredón! 
Y aquellos que dicen la verdad con la mentira de sus vidas emputecidas, y ponen sus tripas como punta de lanza en sus bocas y plumas deslenguadas, siempre subidos en la cresta de su orgullo, tienen negro el corazón, los pies rotos, sucia la garganta, sus almas huecas, y se merecen, (perdón por el figurado exabrupto), que con una caña rajá le den por el culo. ¡Ay, cuánto los odio! Cuanto más mienten, mejor escriben y hablan los puñeteros. Y como cartas trucadas juegan con las palabras y los medios. Y nosotros: unos pobres lilas de tres al cuarto, poca monta y corto alcance que nos chupamos el dedo. 

Los mayores atascos históricos se producen por conducir por caminos equivocados.

viernes, 28 de noviembre de 2025

50 Aniversario de la Democracia en España


 
En estos días malos en el que como cangrejos, en lugar de ir p'lante vamos p'trás, ganas me dan de bajarme del carro de las distopías que nos lleva a un pasado trasnochado, telúrico, irracional y represivo. 

A este mundo nuestro que tanto trabajo le costó alzar el vuelo, hoy le pesan los pies y le huele el alma a cagada de gato. Y aquella democracia conseguida a base, de huelgas obreras y estudiantiles, asambleas de base, asociaciones vecinales, comisarías, torturas y muerte, hoy las mismas fuerzas del mal, las que antaño nos mantuvieron amordazados, quieren de nuevo poner grilletes, diques y cadenas al instinto de todo ser viviente que tiende por naturaleza a su desarrollo y perfección. Falsos predicadores, vestidos con los mismos capisallos de nuestros fantasmas de ayer, los mismos que atiborraron sus barrigas y carteras gracias al sistema que ahora dicen demoler. Se introdujeron como gusanos y explosivos en el interior de nuestro organismo político para hacerlo saltar por los aires y sobre sus ruinas erigirse ellos como los nuevos emperadores de una nueva era, un nuevo orden, como aquellos regímenes fascistas que sembraron de mártires las calles de nuestras ciudades.

Dicen que la experiencia es la maestra de la vida, fuente del conocimiento y guía para iluminar nuestros pasos por el buen camino. Pero por ahora cabezotas y empecinados pretenden quebrar los pies al destino. Ojalá, gracias a la resistencia de la cordura y el buen sentido jamás nunca lo consigan.

jueves, 6 de noviembre de 2025

Vuelve a nacer la esperanza


 
Vive, tiene un alma, y sin embargo es una cosa. 
(Simone Weil)


El capitalismo es peor que la muerte. La muerte mata, y ¡san se acabó! Pero el capitalismo es peor: hace del alma del ser humano una cosa, un objeto de consumo que vivirá esclavizado, lleno de ansiedad y locura.

Decidme: ¿Acaso no es mejor trabajar por una causa librando mares y desiertos, guerras y alimañas en busca de una tierra firme donde en sus campos cada día salga el sol, y que del corazón del ser humano broten flores de empatía, igualdad, justicia, ecología y pan para todos...

¿Acaso no es mejor comprender y aceptar de una vez por todas, que el musulmán, el moro, el judío, el chino, el hetero o el homo, el negro o el blanco son todos ellos colores del mismo cuadro que revisten de dignidad nuestra conciencia...

¿Acaso no es mejor, que las ciudades del mundo sean morada, asilo y consuelo para la mujer maltrada, el inmigrante, el desvalido, el de aquí y el de allá.., que el transporte público, la educación y la sanidad sean públicos y gratuitos... que el que más gane, más aporte a la comunidad...

¿Acaso no es mejor cualquier cosa, que morir esclavizados al capricho de unos índices que engordan sus enteros fríos al calor de las bolsas de Wall Street?

Ayer yo estaba triste y decaído, al ver como en las encuestas ganaban el capital, el radicalismo ultra, la xenofobia, la caza de brujas, la exclusión.., pero hoy al saber de un alcalde electo, socialista y demócrata en la ciudad de Nueva York, parece que vuelve a nacer en mí la esperanza.

jueves, 30 de octubre de 2025

El pasado nunca vuelve

 


Ya nos advirtió el poeta: Vendrán más años malos / y nos harán más ciegos / vendrán más años ciegos / y nos harán más malos. (Rafael Sánchez Ferlosio.1993)

Hoy más que nunca, noto, veo, oigo y huelo, se mastica cercano un futuro aciago, un resurgimiento irracional e interesado, conservador y atávico, locas voces, himnos viejos, gestos raciales, ademanes impasibles que dirigen con taimada astucia su vista al pasado como moneda de progreso y cambio. Todo un contra sentido. El pasado jamás regresa. Los ríos y el sol siempre siguen su curso hacia adelante.

Y ante esta negra ola de malos augurios, mis huesos se estremecen. Me producen miedo. El mismo miedo, pánico y terror que sólo el ver llover le causa al hijo que vio morir a su madre arrastrada por la Dana de Valencia. Y yo les deseo a todos estos profetas espurios e interesados, con botas de cuero, calzados, y pistolas al cinto, que sean reducidos, en paz y sin venganza, como la mujer de Lot a estatuas de sal. No es deseable, ni moral, ni inteligente que hoy haya quienes quieran que amanezca una Nueva España con aquellos mismos nubarrones, escudos, banderas de un nuevo y trasnochado fascismo, manos amenazadoras y extendidas a la revancha y el odio, prestas a maniatar nuestras mentes, a extraditar nuestros cuerpos, para que volvamos a las viejas cárceles de antaño, a las cunetas, a las comisarías y los paseos, y que otra vez conciudadanos y hermanos nos destrocemos como animales en celo a los pies de los paredones del cementerio.

Avivar las hogueras del pasado, (o témpora o mores), con conjuros imperiales sin sentido, apelar al regreso antinatural e involucionista de los mismos demonios que nos tuvieron amordazados durante más de treinta años, es tener el cerebro raso, mala fe y mala baba. Es como dar de comer a los mismos cuervos que nos devorarán mañana. Se avecinan malos tiempos para la lírica. Aviso para navegantes.

Pero así como hay quienes, desconfiados y obtusos, recurren al pasado, de cuya caducidad no es posible que brote fruto alguno, los hay también que miran al horizonte, y tiran del hilo de sus deseos hacia la meta del un futuro prometedor para todos... porque el pasado nunca vuelve.

lunes, 13 de octubre de 2025

El Descubrimiento


 
Las palabras mienten más que hablan. Ayer la gama privilegiada de nuestra insigne patria celebró con un musculoso desfile militar la Fiesta Nacional: La conmemoración del descubrimiento de América. No hay nada como una mentira para encubrir la verdad de los hechos, para tapar la equivocación de una infamia. Los historiadores luego vendrán a decirnos que antes de prejuzgar cualquier acontecimiento pasado, deberíamos analizar la historia ciñéndonos al contexto aquel en el que tuvieron lugar los hechos: alarde de poderío de una hispanidad invicta, de una raza prepotente y okupa que se encumbró con el saqueo de unas tierras precolombinas que por derecho propio pertenecían a sus moradores. En esta fiesta nacional eché en falta el agradecimiento a aquellas gentes que nos permitieron llenar nuestras arcas con el oro y su plata, sus valores, con su diversidad inclusiva, sus acentos, su sensibilidad y arrojo.

Ayer debimos celebrar además otro descubrimiento, un descubrimiento a la inversa: contemplar aquellas mismas gentes de aquellos países latinos, y no sólo latinos (como el Magreb), que allá descubrimos; pero descubrirlos ahora, acá conviviendo con nosostros, personas que tuvieron también la valentía de cruzar mares y desiertos a riesgo de sus propias vidas, en busca de las mismas especias y otros enseres y mercancías que nosotros fuimos otrora a conquistar en sus propiedades de origen. Debiéramos estar enormemente agradecidos. Disculparnos si no fuimos del todo correcto con ellos. Resarcir nuestro espolio, mostrarles nuestra gratitud por su contribución a nuestro erario público, al cuidado de nuestros mayores, al trabajo penoso que nosotros a veces eludimos: asfaltando carreteras, doblando el lomo entre plantaciones, recogida de frutas y verduras a pleno sol y escapadas. Por poner un ejemplo: los albañiles que, hace tan sólo cuatro días, murieron bajo los escombros del edificio de la calle de las Hileras, en el mismo centro de la Puerta del Sol de Madrid, respondían al nombre de Moussa, Alfa, Jorge, Laura. Casi todos ellos eran emigrantes, oriundos de aquellas tierras que nosotros erróneamente descubrimos.

viernes, 10 de octubre de 2025

La paloma y el olivo


Paz. Paz para los muertos. Y para los vivos, la sumisión y su derrota. ¿Qué comité del mundo pondría a un perro asilvestrado a cuidar de sus ovejas? Las hojas de la olivera me miran inquietas. No me fio de esta tranquilidad impuesta. Un gato inmóvil me mira como si yo fuese también su presa, pájaro incauto, sobre las ramas desconfiadas de un olivo en Oriente Medio.

La hojas victoriosas del laurel sobre la cabeza del César aletean cómplices su Nobel y atroz trofeo cargado de dinamita. Los brazos del árbol, hisopos que esparcen su paz augusta como cabezas de ajos sobre la devastación endemoniada de todo un pueblo sufrido y bendito. Y en el trajinar profundo y silencioso de las raíces de este olivo milenario quisiera yo escuchar, en esta mañana de armisticios interesados y optimistas, el zurear alegre de un nido de palomas blancas sobre las cumbres borrascosas de un monte Ararat en bancarrota.

martes, 30 de septiembre de 2025

Arriba parias de la tierra

 
En su discurso de ingreso en la academia de la lengua, (Enero. 2010), Soledad Puértolas se detiene en los personajes anodinos: De los cuentos... me fijaba sobre todo en aquellos personajes que se quedaban un poco atrás, un sapo desorientado, un elefante patoso, una gallina de plumaje deslucido.

Y ese amor particular que Soledad muestra por las personas marginales, esos mártires anónimos que en la escritura alimentan y dan realce al personaje central, se detiene Opekú esta mañana. Y se abraza a esos nombres ordinarios, (¡tan identificado se ve en ellos!), como si en sus historias irrelevantes le fuese la vida. Y es que los asuntos simples, insignificantes le resultan propios, cercanos, íntimos y esclarecedores. Le hacen pensar más los refranes sin ton ni son de un Sancho Panza, los cadáveres sin identificar en las cunetas de las dictaduras, la cabeza hundida contra el suelo de una mujer sin nombre, allá en el laberinto de una mina, los discursos de un mendigo..., que las lecciones magistrales de un emérito catedrático de la Sorbona. Y sus lágrimas se confunden con las carcajadas de un beodo vagabundo, y los huesos sin afiliación alguna de las Catacumbas de París le conmueven más que las penas de un mar inmenso en los ojos fieles de la inolvidable Penélope de Odiseo.

Nadie se acuerda del droguero que le vendió los colores a Durero para pintar de atrevido deseo a su Eva transparente. ¿Y quién se acordaría del dueño de aquella pequeña tienda de comestibles de la calle Fruterías, colapsado por la euforia capitalista de unos grandes almacenes?

A Opekú le seduce el anonimato callado y solitario. La marginación, no teniendo nombre, no siendo ninguno, nadie, aquel, ni el otro, le atrapa. Y nunca mejor le vinieron como anillo al dedo los nombres escondidos de tanta gente buena, para darse cuenta que dentro de ellos se encuentra la levadura, el epicentro, ese tesoro oculto y profundo sobre cuyas cenizas olvidadas, emergerán mañana las montañas de un nuevo día.

lunes, 8 de septiembre de 2025

Los niños sin nombre

 

El marido dice a la mujer: No llores. La mujer, desde el mismo día del parto, cuando la criatura se presentó de aquella manera tan rara, algo dentro de ella le dice que la vida de su hijo no va a ser un jardín de rosas. Y lo mismo la de ella. Mucho se ha dicho de la intuición femenina, sobre todo cuando se es madre. Hasta dicen que un hijo es el corazón de la madre latiendo fuera de su cuerpo telepático. El hijo gime escaldado, allá en Europa en las calderas del quinto infierno, y la madre siente en sus venas correr la pena del hijo. El marido insiste: No sufras, mujer. No depende de nosotros cambiar el nombre de los planetas, ni el curso de los ríos. Quiere la mujer sacar pepitas de oro de un mar dorado de peces muertos.

El marido ve una lágrima de la mujer caer cual ácido exterminador sobre la mesa de la cocina en la que los dos desayunan un café amargo. La sal de su dolor compartido reviene, cuartea el barniz del pulimento; y el brillo de su encerado, debido al azogue del llanto, se convierte en un mapa de desconchados malolientes por todos los rincones del Centro de Acogida. La mujer llora porque al niño en la península le dan de lado. El hombre también llora, pero su dolor no se ve tanto. El marido limpia con su mano solidaria y reprimida el llanto profundo de ella. Y la consuela: ¡Vayamos al Consulado! ¡Hablaremos con la jueza de menores! La pedagogía de la señorita no cambiará la configuración genética del chiquillo. Todos andan desbordados. Los padres acabarán siendo a la fuerza devueltos a su país de origen. Europa mira para otro lado.

Al niño en la calle le notan algo extraño que los demás no tienen. Todos al verle fruncen el ceño. Y conforme el niño va creciendo, ese plus se agranda, se afea, como un lunar gracioso que al acabo del tiempo terminará en una verruga afeada y purulenta. El niño se siente un engendro del diablo. A mí todo el mundo me mira mal, no les gusta mi nombre. El muchacho precisa para ser él mismo el reconocimiento de la sociedad, ser admitido en su perversa cofradía de alambres e hipocresías. La sociedad, mala madrastra, lo rechaza. ¿Resultado? El niño, ya mozo, odia a todo el mundo, tiene fobia social. Sus mentores le acusan de ser un trastornado, un resentido, un desintegrado. Él se defiende: Yo no soy ese que vuestros ojos rechazan. ¿Por qué me expulsáis de vuestros templos, escuelas y mercados, si sois vosotros mismos los que me habéis hecho así? 

El padre confinado en su tierra hambrienta se siente responsable de haber dado al hijo un nombre equivocado. El hijo se siente prisionero; y obligado está a comportarse como le ordena el trágico destino de su nombre. La madre también se siente frustrada por no haber modelado en la fragua de su vientre una criatura normal. ¿Aguantarías tú llamarte con un nombre que no es el tuyo, gravado en la carne de tu cuerpo a contracorriente? Tampoco el hijo. Fueron los fórceps de un mundo cruel los que dieron a luz al niño. El hijo necesita ser fecundado de nuevo, ser bautizado con un nombre nuevo. 

sábado, 23 de agosto de 2025

La promesa incumplida



El miedo a las distancias cortas es más cruel y más largo que la distancia infinita entre dos puntos inalcanzables del universo. Como lo es también inexplicable el cuchillo del bueno de Abraham sobre la yugular del inocente cordero. Como es también incomprensible la fratricida inquina entre Isaac e Ismael, ambos hijos de un mismo padre, enfrentados a muerte perpetua. Musulmanes y judíos en guerra interminable, sacrificados en el mismo altar del monte del Templo por la mano implacable de un dios atávico, sacrílego y miserable. La lejanía que los hermanos sienten por tener junto a sus labios, tanto el uno, a Rebeca; como el otro, a la mujer egipcia, (el amor de sus vidas), es inversamente proporcional a la proximidad entre las raíces y los dátiles de aquella palmera, que un día el padre de ambos plantara en los jardines de Canaán.

Cuando las dendritas filosas de la palmera, más se introducen bajo la tierra, más alejados y sonrientes se alzan sus racimos al aire, esplendorosos. Siendo fruto y raíz dos elementos sustanciales de la misma cosa, ¿por qué ambos se alejan salvajemente el uno del otro? Cuanto más hermanados, más separados. Le dijo la sartén al cazo: ¡apártate de mí que me tiznas!

En días de vientos huracanados el hijo de Sara le dice al hijo de Agar, su hermano: la distancia de mi base a la cumbre de tus cielos es nuestro mejor aliado. En días tranquilos y soleados, le dice el hijo de Agar al hijo de Sara: La distancia de mi altanero orgullo y de tus celos es tan corta que me confundo contigo. Ismael e Isaac, dos líneas paralelas por el cosmos infinito de un desierto que nunca acaban por estrechar sus manos amigas. As-salamu alaykum.

La imagen de Ismael y la de Isaac son incompatibles. Cada vez que Ismael entra en una tienda se enfrenta con el espejo de su hermano. Cada vez que Isaac entra en una barbería se da de bruces con Ismael. Ambos, nada más verse en los cristales de los escaparates del centro de la ciudad, salen corriendo como palomas espantadas que huyen del disparo de la misma escopeta. A Ismael e Isaac le pasa lo mismo que a a los matrimonios que llevan muchos años casados: cuanto más juntos, mas separados. Y es que el tema de las relaciones de pareja es parecido a la atracción de los imanes. Con el paso del tiempo pierden su fuerza magnética. 

Será menester que el bueno de Abraham recargue las pilas de sus hijos, en función de aquella promesa eterna que a ellos mismos les hizo antes de morir: Vuestra descendencia será abundante y bendita en una tierra colmada de enormes racimos de dátiles, que a los dos os acogerá por igual para siempre.



viernes, 27 de junio de 2025

Equivovado


Se equivocó de hora. Llegó a su última cita antes de lo que él quería. Se equivocó de Iglesia. En aquel templo no veneraban al santo de su devoción sagrada. Sus rezos eran marchas militares. Servil y atea, su fe. Tampoco allí honraban, ni exequiaban a los que morían antes de su partida. Se equivocó de era, de ara, de trigo y de almazara. Los trabajadores ya no eran obreros, todos eran clase neutra: ilusos que a sus verdugos ovacionaban. Y en lugar de levantar el puño y sus hoces por encima de los orgullosos montes, doblaban sumisos sus patas ante el imperator Manasés, el cortijero más malo de los infiernos.

Y sus braceros llevaban un hacha y un haz de varas en la solapa. Ellos mismos se costeaban la metralla con la que al día siguiente por el patrón serían fusilados. Se equivocó de pueblo, de plaza y de Parlamento. Más que foro, acogida y ágora, el Senado era un corral de vacas locas, todas ellas infectadas de encefalopatía bovina. Se equivocó de Dios. Se pasó tres calles. Perdió tres credos: su divina esencia, el bien común y su conciencia. En los fielatos le hicieron pagar más aranceles que pelos tiene un gato. Se equivocó de paloma. Borraron de sus alas las interjecciones, los colores y su vuelo, las vocales y su acento. Se equivocó de oficio. No había nacido para ser soldado, para matar equivocado a sus hermanos. Se equivocó de huestes. Esclavo de un batallón de fanáticos otanianos. Sus himnos y banderas homenajeaban a Marte. Se equivocó de si, de ti, de aquel, del otro. Confundió la velocidad con el tocino.

Quiso corregir su equivocación, enmendarse. Pero para entonces ya fue tarde. Llegó a su postrer encuentro mucho antes que él mismo. Falleció tres días antes de su propia muerte. Y esto no es lo más triste y sorprendente, sino que al llegar a su tumba, allí tumbado yacía antes de que le enterraran. Una cosa es estar muerto y otra no estar vivo. No vivir es vivir en vilo, un sin vivir sintiendo antes de morir tu propia muerte. En cambio, estar muerto es sentir la ausencia feliz de haber vivido.