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martes, 2 de octubre de 2012

Sabio excepticismo




Cuantas veces oyó decir:
Siempre nos quedará París,
entendió que ya todo estaba perdido.

Y no sé si ganaba en experiencia, lo mismo que en conocimiento. Lo cierto es que, conforme se hacía mayor, distinguía menos la verdad de la mentira. Y eso era precisamente lo que la mantenía esperanzadamente triste, y tan bella al mismo tiempo.

jueves, 9 de agosto de 2012

La novia cadáver




Oh mujer, que yo no sé
si negarte o si quererte.
Nuestro entronque fue tan fuerte,
que me dejó un no se qué
que estará conmigo siempre.

¡Ay que ver, y qué manía!
Cada muerto en su agonía
se enamora de mi ser.

Y mi cuerpo es su cadáver.
Un poseso soy de él,
resucitado en su carne
jubilosa y carcomida.

jueves, 19 de enero de 2012

Amor de cine



Anoche en la televisión el hombre vio a Clint abrazar tiernamente a Meryl. Y luego quiso él hacer lo mismo con su señora en la cama. Y la mujer se siente tan querida y extrañada que piensa que no es real lo que le pasa.

La mujer, tal vez sepa que el hombre disimula. Y no se queja de envidia, ni la rabia la hace esquiva y recelosa. Tampoco se siente sustituida y despreciada por las sobras de un amor que el hombre le regala, y que tuvo su mayor auge en la película.

Y el hombre se pregunta por qué es tan duro de mollera, y se deja impresionar más por el filme y por las letras del periódico que ahora con tanto ahínco ojea, que por la sonrisa del sol de esta mañana, el desayuno atento que ella le dispensa, la quietud del instante, y su belleza.

Tal vez la mujer sepa que el amor, más que en la vida real, más fácil es conseguirlo en el sueño y la quimera.

jueves, 7 de enero de 2010

Cerezos en flor



“Cerezos en flor”, film de Doris Dörrie, o de como la muerte de Trudi (la esposa) cura a Rudi (el marido) aquejado de una ceguera cargada de racionalidad, rigidez y aspereza. Pudo también llamarse este film "Bailar con muertos", o lo que es lo mismo: rescatar y corregir el pasado y convertirlo en presente lúcido por medio de una danza global y sentida. Su protagonista: la callada Trudi mientras vivió. Y luego, tras su muerte inesperada: su vívida ausencia que remodela y configura desde las sombras del más allá el temperamento de un marido, antes metódico y distante, y ahora, por el luto y el recuerdo de su mujer fallecida, convertido en un ser tierno, entrañable y repleto de empatía.

No entiendo de cine. Sólo que me cae bien una película cuando de alguna manera descubro en ella algo que tiene que ver conmigo, que aviva mi sentir o que reproduce escenas que me interpelan, que me retratan, aunque sea para mal o en mi contra, que me remueven, que me llevan y que me traen sin darme cuenta por caminos que sin ser mios y parecer nuevos, llevan a hombros las mismas dudas y encrucijadas por las que a diario transito.

Y si además veo esta película con alguien a quien quiero y con quien comparto mi fluir efímero hacia la muerte, ¡pues mucho mejor! Fugacidad, brevedad, iniciación y tránsito. Mi cuerpo lleva en sus genes los días contados. Y precisamente tal vez de esta limitación, flor efímera del cerezo, arranque tanto la belleza como el placer de mi vivir perecedero.

Fue previsora Trudi en vida, siempre preocupada de la enfermedad terminal de su marido que le sobrevive por sorpresa; y luego, incluso después de muerta, bien vela por él a través de Yu, una cómica bailarina, desprendida y servicial, que parece la misma Trudi reencarnada y siempreviva. Por cierto Aya Irizuki (Yu) en su papel secundario, simple e irrevelante, se muestra reveladora e imprescindible, llave, guía y resolución de un conflicto en el que el expectador, yo en este caso, atrapado fui por su sencillez, candor y clarividencia holística, al mismo tiempo que sobrecogido por la hermosura de la caducidad propia de la vida.

Y como Trudi, que se alimentó de la muerte de su esposa hasta el punto de confundirse, travestirse de ella sin importarle incluso el ridículo, quisiera yo sobrevivir ilusionado la momentaneidad de los días.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Laicidad


Las editoriales nos muestran cada vez con más relevancia el nombre del autor que el título de los libros que publican. No vende una buena historia, un cuadro, una escultura, sino su creador. De hecho si me preguntan como se llama la última película de Amenabar no sabría decirlo, en cambio enseguida me vendría a los ojos de la memoria el bello rostro de Rachel Weisz. Y es que un nombre tiene la virtud de contaminar o inmortalizar una historia. Tampoco sé como se llama la última novela de Umberto Eco, pero sé que la leeré se llame como se llame.

Y esta fe ciega en el "autor" por encima de su obra me recuerda aquel argumento ex auctoritate al que recurría mi viejo para convencerme que lo que él decía, tuviese o no razón, iba a misa.

Cría fama y échate a dormir.

Conozco yo a un sommelier con una nariz de oro que sabe la denominación de origen de cualquier vino, en cambio se vanagloria de que nunca ningún caldo llegó a visitar su abstemio tonel gástrico. Y es que a veces esa manía de preguntarnos por la autoría de la belleza impide gozarnos con el placer de la misma. Y hablando de recuerdos tengo yo un amigo con el que salgo de viaje de vez en cuando. Y cuando pasamos por un mirador desde el que se ve el insondable mar, me hace parar el coche para extasiarse con su contemplación y preguntarse ¿quién será el artífice de semejante maravilla? Y mientras yo aprovecho sus dilatadas cogitaciones demiúrgicas para zambullirme en la hermosura de las aguas.

jueves, 15 de octubre de 2009

La dignidad de los nadies



Antes de ver "La dignidad de los nadies", film de Pino Solana que con motivo de la Campaña Pobreza Cero se proyectó el otro día en la universidad de Murcia, había leído algo sobre los poderes mágicos de la música y su canción:

"¿Y cómo vas a recoger el trigo / y alimentar el fuego / si yo me llevo la canción?" (León Felipe)

"La dignidad de los nadies" es un testimonio conmovedor de solidaridad y resistencia (pobres, desocupados, piqueteros, indigentes) en la Argentina de los primeros años del segundo milenio contra los reajustes globalizadores del mundo capitalista y cuya consecuencia es la postergación de los más débiles en guetos de marginación y miseria.

En un momento del documental, para mí el más impresionante, es cuando los que llenan la sala se enfrentan al fiscal. El duelo entre "derecho" y "justicia" toca techo. Las espadas en alto. El pueblo de nuevo reprimido, desalojado por el "orden establecido", la contradicción de la democracia, su partenaire. Y es entonces cuando los asistentes otra vez reprimidos ¡que contrasentido, en la misma casa de la justicia! embisten con cantos interminables de disuasión y esperanza.

Y en sus canciones a una como espigas y barricadas yo vi la dignidad de "los nadie" proclamada, y su libertad, aunque dolorida, por encima de los esbirros de las finanzas. Deberían aprender las fuerzas antidisturbios. Y como armas disuasorias la policía en lugar de lanzar contra los nadies cañones de agua, mamporrazos, pelotas de goma y gases lacrimógenos cantaran el himno de los esclavos de Nabucco: "¡O mia patria piu bella e perdutta!

lunes, 9 de marzo de 2009

Escena viva



“Dentro de mi no existo sino exteriormente”
Pessoa


En medio de la sala un espectador se levanta como un resorte de la butaca y se dirige al público que en ese momento sigue la película con la avidez y concentración que despierta su trama.
“¡Ese soy yo!”
Si el director de esta cinta viera la exaltación de esta exclamación gritada con la loca emoción de su enajenación vivida, satisfecho quedaría de su obra. Pues eso precisamente es lo que el autor quería: que cuando el público visionara su filme, identificado con su historia quedara hasta el punto de confundirse con su personaje central.

Y el director, al contrario del público que en ese momento culminante de la película mandó callar y expulsar con sus abucheos al espectador que no pudo contener sus gritos de identificación empática, hubiese agradecido y felicitado al sensible alborotador de la sala:
“Yo me inventé este historia para hacer que tú la vivieras”.
Y es que el espectador tenía la sensación de ser movido por alguien que desde fuera le hacía clamar que no era él, sino la escena viva que miraba.

Y así existen seres con tanta suerte que son las gotas del agua que llueve, la montaña que contemplan o el tranquilo azul del aire que en sus párpados se detiene.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Que soy yo misma



“La imagen de Stern "The Last Sitting", una
de las últimas fotografías de Monroe antes
de su muerte, se vendió el miércoles 17 de
diciembre 2008 por 146.500 dólares”
(Reuters)


¡Y de qué manera lo que somos es hechura, no nuestra, sino de quienes atentamente nos observan, pues nos comportamos tal como los otros nos ven, y construimos nuestra personalidad a la medida de su mirada querida y creadora!

Si soy arisca y fría es porque arrojaste tus ojos de hielo sobre mi carne de esponja y al instante mi ardiente estima quedó congelada, aplastada por el témpano de tus pupilas de acero.

Y si por el contrario me manifiesto cálida y entrañable es porque antes tus labios tiernos se posaron en mi cara y borraron mis sombras, de colores encendieron mi cuerpo entero.

O si tal vez fuera maleta de cartón llena de nostalgias, inalcanzable, manoseada o vieja, tal vez mejor no fuera.

Picasso, Cervantes, o el último Nobel galardonado no fueron premiados por sus obras, sino por galeristas, visitantes, lectores, compradores, mecenas y halagadores. Que hay más pintores, y mujeres mejores, escondidas en los sótanos del museo de la vida que artistas celebrados en el mundo entero.

Y de nuevo la pescadilla se muerde la cola y no quiero reconocer que el desprecio, la indiferencia que siento por mi hermosura nace de mi corazón podrido y distante, que soy cabezota y me digo que la culpa siempre es del otro. Y no hay otro, que soy yo misma.

martes, 2 de septiembre de 2008

Charlize Theron



Si habla en broma dicen que sus palabras rebosan hondura y seriedad. Y si se esfuerza por sacar de su cerebro lo más sublime de su intelecto, lo tildan de vulgar y pelagatos. Cuando intenta ceñirse lo más que puede a lo concreto, dicen que desvaría. Y si escapado de los acontecimientos lanza sus ideas a los vientos de la fabulación más absurda, alaban su concisión y pragmatismo. Cuando describe las cosas tal como son es el más disoluto de los sarcásticos. Y si alguna vez se le ocurriera adobar sus puntos de vista de cinismo, lo acusarían de ridiculizar injustamente los sentimientos ajenos.

Así como la noche no es un doblete del día, nadie se acuesta para seguir despierto. Y es esta incomprensión la que tiene confundido a Woody. Sobre todo hoy que, en lugar de soñar con Charlize Theron, lo hace con la mujer que tiene por compañera durante más de treinta años. Lo que se dice fidelidad a pajera abierta.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Coles y lluvia


Lluvia fina en tarde de noviembre. Las perlas del agua se deslizan transparentes sobre las hojas de las coles del huerto, trece rosas rojas.

Si yo fuera pintor cogería ahora mismo el maletín de pinturas y me apoderaría del gris perla que envuelve el camino, detendría la nube y su rocío. Confiscaría para siempre estas coles abiertas, generosas como flores. No dejaría que este instante se llevara el dulce olor a hierba mojada. Con los pinceles sosegados de este momento mezclaría el verde de la hierba y el azul del agua, y conseguiría el ocre quemado de las hojas del nogal, el amarillo cocido de la alfombra de los chopos que iluminan las cataratas del cristalino calizo de un plácido otoño nublado y tímido.

Pero no soy pintor y además me aburren las imitaciones. Dejo mi mirada guardada en el cajón de las postales y voy derecho al reloj que preside el salón. Y recuerdo aquel recreo del colegio de primaria. Siempre la presurosa pitada del maestro con el hacha del aprovechamiento y el deber descoyuntaba la manzana de nuestro juego en su mejor momento.

En un descuido del tutor metí la mano en su chaleco y adelanté una hora su reloj de bolsillo para que nuestro recreo se prolongase eterno. El qué y el cómo de esta travesura que ideamos mi primo y yo, la dejo a vuestra imaginación, que nosotros entonces ya hicimos bastante.

Jugar hoy con el ayer, vestir el ahora con palabras indelebles, resucitar los recuerdos, perpetuar la caricia de esta suave lluvia sobre las coles que planté en recuerdo de las trece mujeres injustamente condenadas y fusiladas por un delito de rebelión contra la dictadura, burlar, escapar del tiempo, corregir los errores de la historia, ahogar sus campanadas es lo que me pide ahora el cuerpo en este líquido atardecer de lluvia lenta.

Me paro ante el reloj de pared, le arranco de cuajo las saetas, las aspas al molino del tiempo que se escapa como el agua. Mañana si hace buen día las pondré al ritmo y a la hora que a mí me dé la gana.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Mándame una señal


Anselmo es tímido y egoísta. Piensa más en su propia y lejana muerte que en la de su amigo que tiene los pies casi en el otro mundo. Si Anselmo fuese un hombre osado le haría esta encomienda a su amigo el moribundo.

Este sería su recado interesado:

“Cuando estés al otro lado del río Aqueronte hazme llegar tu dirección o al menos enviáme una señal.”

El título de la película de Eliseo Subiela “No te mueras sin decirme a donde vas” resume a las claras este encargo abortado, no dicho, pero sí muy deseado por Anselmo.

Si Anselmo no viera hoy a su amigo con esa expresión tan extraña, su mirada ausente, mística, clavada ya en la nada, le preguntaría sin tapujos, que una vez instalado en la otra orilla, le envie una misiva diciéndole si es verdad eso que dicen que la muerte es el derrumbamiento de la casa del recuerdo, la trastienda del olvido; le preguntaría si sobre las ruinas de su cuerpo icinerado es posible construir algo vivo.

Si Anselmo tuviese el valor de mirar directamente a los ojos de la muerte que ya oye revolotear por la cavidad de los huesos de su amigo, le diría:

“Mañana cuando estés en la casa de los muertos, pásate como siempre por el bar de la esquina, nos tomamos un café, olemos su aroma, y me cuentas si la muerte te ha vestido del revés, si se acabaron tus reumas, si te deslumbraste al cruzar la laguna de Estigia.”

Si Anselmo fuese un hombre atrevido y no tuviese ese sagrado respeto a los ojos endiabladamente fijos de su amigo que agoniza, se descararía sin vacilar con su amigo el moribundo:

"Dime mañana después de tu entierro, si es cierto que la muerte alimenta la vida, si la colma de sentido y le pinta de almibar su cara. Dime si hice bien en sembrar tus cenizas en el huerto para que el sol siga vistiendo de amarillo la flor de la calabaza y pinte de azules la sonrisa de tus nietos. Amigo, tienes los minutos contados, te vas a morir sin remedio, dime mañana después de muerto si se acabaron para siempre los amaneceres y los almuerzos con tus deudos, dime, amigo, si mereció la pena haber vivido."