
Oh mujer, que yo no sé
si negarte o si quererte.
Nuestro entronque fue tan fuerte,
que me dejó un no se qué
que estará conmigo siempre.
¡Ay que ver, y qué manía!
Cada muerto en su agonía
se enamora de mi ser.
Y mi cuerpo es su cadáver.
Un poseso soy de él,
resucitado en su carne
jubilosa y carcomida.
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