Tras la lectura de "Zapatos" de Paco L Mengual.
Sabrás, amigo, que lo que leemos a veces no tiene nada que ver con lo que el escritor en cuestión escribió. Es como si nuestra lectura se convirtiera en otro libro completamente distinto del que tenemos en nuestras manos. Y esta idea-pensamiento es la que me disculpa de cualquier réplica que pudieras hacerme acerca de mi acertado o inoportuno y breve comentario que te hago llegar, amigo Paco, sobre uno de tus relatos (Zapatos), incluido en "Yo maté al Caudillo", tu último libro.
Estoy acostumbrado a leerte en clave galdosiana, anecdótica, como casi siempre te manifiestas, como notario realista de episodios populares que, por su enjundia, extravagancia, ocurrencia o esperpento siempre calaste en mi,… Pero al leer "Zapatos", he sido sorprendido por el cariz poético y tierno de tu relato. De las cosas que hablas o a las que te refieres, aun siendo sencillas y corrientes, fluye un halo mágico y embaucador, alegre y también triste. Que no todo tesoro ha de estar escondido por fuerza en el más apartado e idílico rincón misterioso y escondido.
Emocionalmente me he sentido gratificado, y a la vez deslumbrado, por tu habilidad de convertir en sublime una simple insignificancia. Y si esta insignificancia fetichista, como son unos zapatos, me lleva además a sentirme vivo, pues ¡no digo más! Sentimiento tan vital del que a menudo pasamos, por estar, cuando vivimos, en otra cosa. Ya lo dijo John Lennon: "La vida es lo que sucede cuando estás ocupado haciendo otros planes".
Gracias, Paco. Tu relato ha sido como una revelación particular. No exagero. Repito: Cada libro, al margen de lo que su autor quiso decirnos, es otro libro más, surgido de nuestra propia imaginación.
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