viernes, 3 de mayo de 2024

Los ojos de Venus



Un célibe clérigo enamorado, tras la lectura de un breve cuento (Los ojos culpables de Ahmed Ech Chiruani), recuerda hoy aquel comentario que un día le hiciera su madre cuando éste le comunicó que se había enamorado de una joven excepcional que reunía en sí tanto la belleza como la verdad y el amor al completo. Y tanto es mi amor por esta mujer extraordinaria, -le confiesa el hijo a la madre-, que me vi obligado a colgar los hábitos… y que Dios me perdone.

No era para menos: la muchacha en cuestión tenía la misma mirada dulce y serena de aquella otra joven diosa que allá a finales del siglo XV pintara Sandro Botticelli. El clérigo, hoy esposo de una tal Simona Vespucio, (¡casualidad del destino!), recuerda ahora las palabras exactas de su madre: Jamás, hijo, se te ocurra traer tu novia a esta casa. No soportaría tener a mi lado a esa rival impostora que se atrevió a robarme el amor que yo por ti siempre tuve.

Y para que se comprenda el dolido acento de las palabras de aquella madre, copio aquí parte de aquel mismo cuento al que al principio hacía mención el mismo clérigo enamorado:

Cuentan que un hombre compró a una muchacha por cuatro mil denarios. Un día la miró y se echó a llorar. La muchacha le preguntó por qué lloraba: él respondió: tienes tan bellos ojos que me olvido de adorar a Dios. Cuando quedó sola la muchacha se arrancó los ojos… 

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