Angelina Mango La noia (el aburrimiento). Eurovision 2024)
Recreándome estoy con una exquisita antología de literatura fantástica presentada por Bioy Casares. Relatos de autores de merecido renombre (Allan Poe, Rabelais, Papini, Eugene O’Neill, Sivina Ocampo, Maupasant, Kipling, Kafka…) sacian mi apetito.
A lo largo del tiempo, este tipo de literatura ha entusiasmado y enardecido a innumerables lectores que necesitamos la magia, la ilusión y el milagro para sobreponernos a la cotidianidad de los días usados.
Resumo aquí el primer cuento de esta recopilación que me mantiene secuestrado. Sennin. Su autor, Ryunosuke Agutagawa, un escritor japonés (1892-1927).
Un rústico campesino busca trabajo para que alguien lo contrate para cualquier clase de trabajo con la sola condición que le enseñe la manera de convertirse en Sennin.
Una pareja formada por una mujer astuta y un ponderado médico aceden a su petición. Lo contratan por veinte años sin remuneración alguna, prometiéndole que al cabo de ese tiempo le revelarán el secreto para ser un verdadero Sennin. La mujer del doctor interviene:
A lo largo del tiempo, este tipo de literatura ha entusiasmado y enardecido a innumerables lectores que necesitamos la magia, la ilusión y el milagro para sobreponernos a la cotidianidad de los días usados.
Resumo aquí el primer cuento de esta recopilación que me mantiene secuestrado. Sennin. Su autor, Ryunosuke Agutagawa, un escritor japonés (1892-1927).
Un rústico campesino busca trabajo para que alguien lo contrate para cualquier clase de trabajo con la sola condición que le enseñe la manera de convertirse en Sennin.
Una pareja formada por una mujer astuta y un ponderado médico aceden a su petición. Lo contratan por veinte años sin remuneración alguna, prometiéndole que al cabo de ese tiempo le revelarán el secreto para ser un verdadero Sennin. La mujer del doctor interviene:
Bien, pero usted debe hacer todo lo que yo le mande, de lo contrario tendrá que trabajar a nuestro servicio otros veinte años más.El campesino accede al trato. Concluido ese tiempo, la mujer le ordena que se suba a lo más alto de un pino que tienen a la entrada de la casa. Cuando el campesino alcanza obedientemente la cima del árbol, la taimada mujer añade:
Ahora tiene que soltar la mano derecha de la rama en la que está agarrado.Una vez el campesino cumplió la orden, la mujer, insiste:
Debe también soltar su mano izquierda.La mujer estaba completamente convencida que, tras su requerimiento, el campesino caería muerto contra el suelo. Pero no ocurrió así. La mujer quedó completamente, no sabemos, si contrariada o asombrada, al ver como el campesino poco a poco se difuminaba sobre el azul del cielo convertido en un verdadero Sennin.
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