sábado, 4 de abril de 2026

Sábado de gloria



Deberíamos agradecer a los dioses que a los humanos no se nos concediera como a ellos la gracia de la inmortalidad. Precisamente gracias a esta no-facultad-virtual podemos disfrutar de cada momento con esa intensidad y frescura que sólo el instante nos proporciona. Si fuésemos eternos, privados seríamos del tan divino don del ahora. El aburrimiento, por ser repetidamente conocido, sería nuestro tedioso hábitat; y nosotros, incapaces de gozarnos con su prístino deleite.

Y al hilo de este herético pensamiento, una amiga hoy me habla de la oquedad y del resquebrajamiento de las palabras conforme pasa el tiempo diluyéndonos. Y para su consuelo o el mío añade: Y este nuestro pasar nos da la oportunidad de aprender a ser, a vivir de otra manera. ¡Vivamos pues este divino instante! El momento es lo más parecido a la eternidad. Dice Boecio en su Consolatio philosophiae: El ahora que pasa hace el tiempo; mientras que el ahora estable, el ahora que permanece, hace la eternidad.

En este sábado de Gloria inmerso estoy en un mar de dudas. Pasa el tiempo, ¿o somos nosotros más bien los que pasamos debido al tiempo que corre a la desbandada? Sea lo que sea, esta mañana, el rojo amanecido de una pequeña flor de la maceta de mi terraza me ha sorprendido con su resurrección gloriosa.

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