A bordo del tiempo, escorados en los acantilados previos a la transición, sentados frente al mar de su pasado, los héroes anónimos evocan sus batallas olvidadas. Desde el final de la guerra civil española, los héroes anónimos no perdían la esperanza que el sentido solidario de los países democráticos de nuestro entorno intervendría en la restauración de la normalidad de nuestro país escorado, dejado de la mano de los dioses del Destino.
No fue así; y nació la resistencia sin nombre, pero decidida, organizada, sistemática de todo un pueblo frente a los coletazos de una oligarquía que se resistía a perder sus parcelas de poder. La consolidación de la democracia en España no vino de la mano de ningún rey o patricio alguno. Ese tipo de bichos sólo prolifera arrimándose al sol que más calienta. El resurgimiento de la democracia en nuestro país se debió sobre todo a ese poder telúrico, oculto, profundo y sufrido, capaz de transformar el mundo desde sus cimientos, levadura y epicentro de cuya eclosión resurgió la llama de las libertades.
La historia se mueve hacia su perfección, más bien debido al esfuerzo humilde de los héroes anónimos, que cual manto de tierra fértil da origen al humus invisible: carbono, hierro, luz y coraje capaz de hacer germinar el fruto verde de las plantas. Pues bien, en España, la Transición se debió a ese movimiento, ese tiempo oscuro que casi nadie menciona, porque si aflorara, las personas que con su silencio combativo lo ejercieron, dejarían de ser héroes anónimos.
Los héroes anónimos no reivindican nada, sólo evocan desde la sabiduría de su silencio elocuente. Su alma no tiene nombre ni apellidos. Y es mejor que sea así. No hay donante más encomiable que aquel que se da y se entrega para desaparecer. Esta es la condición para que la obra prospere, continúe y trascienda, y no se enquiste en su propio protagonismo. Como ese aire, pneuma y espíritu: no se ve, pero que es capaz de cambiar la rosa de los vientos.
Son ya las siete de la tarde. El sol se despide de los héroes anónimos, sepultados bajo las aguas de la Transición, no sin antes, en el hoy del ayer conmemorativo, hacer mención a aquellos, camaradas que, en buena lid y asambleados, crearon las condiciones objetivas para que actualmente caminemos en democracia, tras aquellos duros años de resistencia contra la dictadura y el fascismo.

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