martes, 6 de enero de 2026

El trayecto lastimero del tiempo


El pasado nunca está muerto, ni siquiera ha pasado. (Faulkner)

A veces me detengo, y como los pavos, levanto mi cabeza para degustar y digerir mejor lo que estoy leyendo. Luego vuelvo al libro, y me quedo de nuevo embelesado. Me tiene atravesado el enigmático escribir de este hombre. ¡Me resulta tan sutil, tan apetitoso y sencillo y a la vez tan misterioso y extraordinario! Sus personajes, rostros sin acabar, a medio esculpir. Parece que han perdido el alma, y sus cuerpos vagan dando tumbos por cuadras, pajares, tabernas, sombras y sospechas por caminos solitarios, senderos de tierra, interminables, largos y entreverados en un tiempo indefinido y eterno. 

Desde la penumbra amargada y cortante de un año más, sigo leyendo. Llevo ya casi leído todo el libro de mi vida. Mentiría si dijera que no estoy interesado por la trama, en qué y cómo acabará esta novela. Pero la verdad es que su intríngulis es lo que menos me importa. De lo que estoy fascinado es de su ambiente, el halo misterioso en el que se desarrolla la historia. Nadie se fía de nadie. Un mundo lóbrego, de culpas y represiones, esclavitud y sumisiones. Un mundo, que aún a pesar de su oscuridad y pesadez, todos nos aferramos a él a la espera de que algo bueno pueda acontecer.  

Creo que lo único que recordaré de esta historia, como de tantas que cayeron bajo el asombro de mis ojos atentos, será el color y el aroma, desolado o límbico del tiempo. Dentro de tanta mierda atisbo algo de luz que, sin dar la cara, el escritor me muestra. Y es que lo que no se dice en una novela es lo mejor que leo de ella. Ese poder de los buenos escritores que nos dan a conocer la belleza de lo que escriben sin hacer mención a ella.

Con el tiempo me olvidaré de las historias que este autor cuenta, pero siempre recordaré el hálito de sus escritos. Tengo yo archivado las impresiones de mis libros leídos. Y catalogados los guardo en mi memoria por el olor y los colores, el impacto que sus lecturas me provocaron. Y este autor en concreto clasificado lo tengo por el blanco y negro de sus textos, y aunque no me acuerde de su nombre, siento al leerlo que el pasado siempre está a mi lado. Somos tiempo, ese tiempo fugaz y lastimero que se me va de las manos como la sonrisa del agua tras un día largo de lluvia mansa. 

1 comentario:

  1. "... confundiendo el tiempo con la progresión matemática, como hacen los viejos, para quienes el pasado no es un camino que disminuye sino, por el contrario, una ancha pradera, no tocada jamás por ningún invierno, separada ahora por el estrecho cuello de botella de la más reciente década de años." Una rosa para Emily. William Faulkner.

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