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domingo, 30 de julio de 2017

Jamón para musulmanes en 7 TV



No es precisamente esta cadena de televisión mi preferida. A decir verdad, casi ninguna ya es de mi devoción. Me manejo mejor por medios inmanipulados, sin mediación interesada, incluso ajenos y despreocupados de la propia información que emiten, y de la que dicen ser sus voceros más veraces y objetivos. Además, anoche hacía un calor insoportable. Me apetecía dejar mi cuerpo al fresco y en blanco sobre un sillón en la terraza, sin dejar que nada turbara o ensuciara mi mente, sólo la oscuridad luminosa de un cielo en calma. Me entró sueño. Entré en casa y encendí la tele. Ritual al que, como buen somnífero, siempre acudo antes de ir a dormir.

Y me encontré con Carlos Fuentes, un fraile televisivo, con apariencia de buen hombre, amigo de componendas, abierto a las opiniones más diversas y contrapuestas, dispuesto también a encarar situaciones abusivas y con un cierto calado social; pero desde un buenismo amarillo y neutro, sin profundizar en las causas que propician ciertas injusticias, y mucho menos, señalar caminos de solución. Para este clérigo de buenas formas, la reflexión basta. Para mí, no es suficiente. La reflexión debe ser secundada por el compromiso y la acción, si no queremos quedarnos paticojos. Ver, juzgar y actuar.

Este franciscano progre, cada sábado noche, presenta en 7 Televisión Región de Murcia Cita con Carlos Fuentes. Anoche desde el hotel Nelva se hablaba de inmigración, acogida, solidaridad. El Programa ya estaba terminando, por lo que cualquier juicio que yo pueda hacer sobre lo que allí se dijera carece de valor. Mi opinión por tanto sólo tiene como asiento mi ignorancia, que no es poca. A veces el excesivo conocimiento de las cosas, amancebado y engreído de sí mismo, cae en el mayor de los equívocos y despropósitos. Y es entonces cuando hay que dejar vía libre el instinto y a la intuición. Aunque no es mi intención entrar ahora en propedéuticas, filosofías, teorías del conocimiento o de qué color son las berenjenas cuando pintan bastos.

Lo único que yo quería decir, es que al final del programa, un programa, repito, de integración, multiculturalidad, respeto, convivencia..., se sirvió, por parte de un pulcro camarero del hotel Nelva, una suculenta fuente repleta de jamón. Nada que reprochar a este generoso gesto gastronómico, no exento de tributo publicitario y coste como retribución a la mencionada cadena televisiva por parte de alguna reconocida firma comercial. No entiendo de financiación ni de sumisiones por patrocinios ni mecenazgos a proyectos de interés público o de otra índole que tengan que ver con la generación y promoción de los derechos más elementales del género humano como son la libre circulación, la igualdad, la no discriminación por raza, sexo, idioma, religión, opinión política.Todos estos derechos deberían estar garantizados de por sí, sin necesidad de recurrir a la misericordia divina. Pero lo que si me escandalizó (¡ay pobre e inocente de mi), es que a cámara fija y en primer plano, con alevosía y provocación no encubierta, le restregaran por los morros a unos cuantos musulmanes que en el plató allí estaban, y que respetuosa y humildemente habían participado en el Programa, aquellos insinuantes, refinados, sebosos e incitantes cortes de jamón porcino de pata negra.

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