Tono trabaja como envasador de latas de berberechos en una fábrica de salazones muy cerca de donde vive, a quinientos metros de la Lonja de un puerto con un faro con su cara de luna llena en la que cabe cualquier gato por muy negro que sea.
Antes no necesitaba ir al sicólogo para salir de aquel bache. Tampoco le daba el sueldo para menesteres tan relamidos. El bien sabía qué hacer.
Esta vez la cosa va en serio:
"Mi vida es una ruina"Tono lleva más de tres semanas sin tocar la guitarra.
Cuando las cosas iban mal, se abrazaba al mástil de la guitarra, y al momento salía a flote. Se abstraía en sus canciones, y los problemas se diluían al ritmo de bordones y escalas. Las notas sublimaban su decaimiento, y sus composiciones convertían la desesperación en melodía.
Pero hoy es distinto.
Al llegar a casa todo estaba patas arriba. Y lo mismo que el escritor que lleva días sin dar un palo al agua, Tono no encuentra como escapar ahora de su mal rollo. Le robaron la guitarra, como al escritor su apatía y la increencia le han quitado la palabra.
* Foto-Cabopá
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