martes, 18 de agosto de 2009

Sequía


La mata mal sobrevive a los calores con la exigua humedad que transpira mi cálamo y la cántara. La tomatera cobijada a la sombra de las palabras que sudo en esta tarde negada de verde, bravura y savia. ¡Otra cursilada más de mi yo más pedante! Lo dijo Cortázar:
"La escritura, la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo, la sustitución de lo insustituible".
Y decir que en esta tórrida siesta, las matas calcinadas, la tomatera pansida es una cicatriz callada en el vientre del bancal que llora y que no se cierra, y que se extiende hasta llegar al mismísimo chancro de la tierra, el semen o su alma, (que no sé yo como llamar a la divinidad de la naturaleza, si sangre, abril, ceniza o lava), es una tapadera más de mi ignorancia.

La tierra pisoteada por los dioses se arrastra en su desgracia. Y quiso Heliodoro ponerle al sol un paraguas. Y el incandescente Apolo en su venganza recargó la escopeta del poeta para terminar de rematar su huerta.

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