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martes, 18 de abril de 2017

El lenguaje sagrado de los sueños





Soñé que la cabeza de una serpiente se abría paso por el nudo desatado de mi ombligo. Poco a poco se escurría para afuera abrazando entre babas y silbidos mi torso desnudo. Tanto se parecía su triangular testuz al busto de Azorin, que confundí al autor de Pensando en España con el ofidio. En el jardín de Azulada, sobre el pedestal de una bandeja, se sirve en piedra a los enamorados escondidos entre la floresta la cabeza del último escritor de la Generación del 98. Mi infancia de ayer son mis sueños de viejo.

De haber visto yo la cabeza del reptil no hubiera sentido repugnancia alguna. Al contrario hubiera agradecido cómo el pelado cráneo de Azorín se abría paso por la piel resbaladiza de mi cuerpo asexuado. El escritor no llevaba bajo el brazo las tres potencias de su alma: ni su Entendimiento, ni la Memoria, tampoco su Voluntad limpia y sin adjetivos.

Al llegar la culebra al marrón de los pezones de mi cuerpo expectante, erizado y tembloroso, sacó su lengua bífida para oler mi zopenca esterilidad cargada de años. La culebra, el busto del autor de Castilla, o la singueso del alicantino, al no encontrar lo que buscaba, siguió su camino entre conservador y anarquista, deslizándose hacia mis axilas de forúnculos sobacales. Antes de llegar amistosamente a estrangular mi cuello de verbosidades excesivas repleto, cual el buche de un palomo atestado de granos de maíz no digeridos, se entretuvo calentándome la oreja. Aún pude escuchar, antes de despertarme, lo que con su voz antipoética el de Monovar me dijo:
Hay muchos impostores profanando
el sagrado lenguaje de la vida,
el lenguaje sagrado de los sueños…

1 comentario:

  1. ¡Qué sueños, madre! Difíciles de interpretar, aunque la narración sí es bella, poética y digna de admiración. Siempre he pensado, amigo Juan, que tu pluma se viste con la galanura del gran escritor alicantino-yeclano. Felicitaciones.

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