
"No beses, no des la mano, di hola"
Existen traficantes de órganos, y hay también quienes con la fabricación mediática de necesidades ficticias viven de la manipulación del sentimiento ajeno. Estos últimos, en lugar de ser tratados como malhechores, mañana una institución internacional los condecorará con un nobel por su entrega abnegada al servicio de la humanidad.
No es necesario decir que Hitcher Palau es biólogo nuclear, ni siquiera que fue número uno de su promoción como becario en el instituto Medical Center, tampoco reseñar que este señor no existe, que lo más meritorio es su labor silenciosa en el oscuro almacén de unos laboratorios anónimos al norte de Capitalia.
Antes de experimentólogo, el doctor Palau fue trepa y recadero de una cadena de divulgación de noticias precocinadas. Precisamente su habilidad en este oficio, (hacer de la suposición y el engaño la verdad más deseada), le ha valido para diseñar el fármaco del siglo. Gracias a la manufacturación de esta pócima, Hitcher Palau pasará a la historia como prohombre de la medicina universal, no sin antes haber salvado de la bancarrota a la empresa que regenta con su inventado invento de retroviral mediático.
Según Hitcher, los hombres y las mujeres de la Era Medicada, además de estornudar y tener un botiquín en casa, son un potencial de dependencias en cadena todavía sin explotar. Y aunque el doctor no necesita comunicar con su financiero, pues investigador y economista son la misma persona al servicio del país Capitalia, dice ahora:
“La droga es salud. No hay enfermedad que no esté relacionada con la mente. Despertemos la necesidad del medicamento, que luego la enfermedad vendrá por lo suyo. La necesidad y el miedo se encargarán de ello”.Pero para entonces “papaito el bueno”, mucho antes de que la patología sea inyectada en el corazón del deseo de la sociedad globalizada, la anónima Farmaceútica situada al norte de Capitalia ya había firmado un convenio con las autoridades sanitarias de cien mil millones de euros para la fabricación de su vacuna.
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