miércoles, 17 de marzo de 2010

Sangre derramada


Además de ser imprescindible para la vida, la sangre tiene un fuerte valor simbólico. Nada más veo el rojo viscoso de su materialidad derramado, o escucho el timbal de su voz hiriente, me transformo en celebrante de un rito por antonomasia esotérico, trascendente y místico. Y me convierto en guerrero, mártir o héroe a su servicio. O lo que es lo mismo en subyugado y atemorizado acólito de su radiación poderosa.
Sangre de mi sangre. Malasangre. Sangre de mis venas. Sangre caliente. Pactos de sangre. Sangre podrida. Pluma de sangre. Sacrificios de sangre. Quemar la sangre. Baños de sangre. Bodas de sangre. Análisis de sangre.
Y es que si junto la palabra sangre con algún otro vocablo, por insignificante que sea, transformo toda la expresión en su conjunto en un abracadabra, en un hechizo, un conjuro capaz de ganar batallas, congelar el fuego, redimir el mundo, y hasta de una rana creo sacar una estrella.

Hoy precisamente manifestantes tailandeses lanzaron bolsas de plástico con su propia sangre en la misma entrada del complejo presidencial de Bangkok como protesta contra el primer ministro. Religiones y culturas a lo largo de la historia se alimentaron de la sangre, sangre sobre todo virgen e inocente, analfabeta y fanática para aplacar la furia de los dioses, las iras de la naturaleza enloquecida, para lavar supuestas impurezas.

Y hasta el día vestido de vampiro bebe de la yugular del eclipse de la noche para iluminar sus pasos perdidos por un cosmos de aberraciones y despropósitos.

martes, 16 de marzo de 2010

En off



No he visto mirada de animal que no sea triste. Lo supe esta mañana al contemplar tu ceño de punta y entreverado como dos punchas claveteadas sobre la madera de mi cara hinchada por el agua.

Luego, ya tarde, cuando quise saber el por qué de tu amargura, comprendí tu malestar de bestia resentida al no poder echar por la boca los demonios de tu voz enjaulada. Te faltaba el habla.

Comprendí también tu rabia. Atado el silencio al miedo te tenía. No podías gritar ni reír. Estabas conmocionada. Y tus sentimientos sin las alas de un lenguaje que le dieran salida y vuelo te carcomían sin poder salir del nido como mochuelo mojado por una lluvia de alambres que atravesaban tu garganta.

Me contagió el tapiado de tu corazón en off, tus pulmones encharcados de incomprensión, el agarrotamiento de tus palabras, tu impotencia. Tu confusión me confundió. Y en lugar de animarte a salir del hórreo de tu terquedad callada, me hundí yo también en la mudez de tu abismo afásico cual socorrista ahogado por un náufrago sin pie y desarbolado.

Los dos ahora, aquí abajo sumergidos en la laguna de Estigia, esperamos a los submarinistas que nos trasladarán a la morgue para que allí el forense del verbo lúcido certifique la causa de nuestra muerte:
"Murieron sin entenderse. Tercos prefirieron no darse la mano de la palabra para escapar de las furibundas olas de la incomunicación y la insidia"

domingo, 14 de marzo de 2010

Escribir de oído


Hay quien escribe con las nalgas, de boca, con las uñas, con el culo, al dictado, desde la pedantería, en cuclillas, con los ojos, la cartera, orgulloso. Y yo creía que los poemas eran panes amasados en el silencio, horneados al fuego de la emoción callada, la rabia contenida, la alegría acumulada, enmudecida, la contemplación ociosa de la naturaleza, la pérdida de una mujer, el reencuentro de la infancia, desde la soledad sentida.

Por eso cuando ayer te oí decir que escribías de oído, pegado a las gentes, a su rusticidad sencilla, acerqué mi oreja al ciprés que sombrea el atardecer de mi casa. Y quise traspasar el húmedo latido fresco del árbol en esta nota.

El ciprés solitario cubre solidario de tristeza el tejado inhóspito de mi habitación vacía, tu camino abandonado, tu cama yerta, la pluma quieta. Mis palabras, las del árbol digno, son sólo corteza ruda y opaca, incapaces de decir lo que por dentro viví cuando junté mi oído a tu corazón de savia.

jueves, 11 de marzo de 2010

Ridi pagliaccio


El visitante de la exposición le preguntó al pintor si el payaso reía o lloraba. El artista adulado esquivó la respuesta. Quería el autor seguir alimentando la idea de que dicha y pena juntas son como dos gotas de rocío que ignoran si están tristes o contentas.

Hay quienes se despiertan de malhumor, con retorcijones de barriga, ofuscados y con carrasperas. A mi en cambio si entre los escombros del día me dieran a escoger el momento más fresco, el mejor, sin duda me quedaría con el albor de la mañana. Recién levantado me siento como un niño con su juguete recién estrenado.

Nada más rayar el alba el tiempo se para, hasta el silencio se calla, y la naturaleza me muestra generosa su seno de leche tierna. Y muerdo con ganas el brillo amanecido de una manzana que me tienta desnuda con su nuevo sabor a paraíso.

De ahí mi sorpresa esta madrugada cuando veo caer de mis ojos dos lágrimas sin motivo. No soy yo quien llora, es mi cuerpo ajeno a mis sentimientos el que lo hace por su cuenta. Con el pulgar y el corazón abiertos limpio su llanto y noto en mis dedos un quemazón tierno y húmedo. El cuerpo entonces agradecido por mi compasión obligada me dice avergonzado:
Esta mañana como una máquina sin fuel-oil, purgo mis conductos con la sangría de este dolor necesario que me haga sentir la confusión madura entre la dicha y la pena, las dos unidas.

martes, 9 de marzo de 2010

Maldición Bloguera



Blogueros, fabuladores, tramoyistas y demás ralea de la palabra encorsetada, del escribir efímero, del leer digitalizado, oídme bien vosotros drogatas pixelizados que apestáis a dendritas de megabites fosilizados.

Os habla la Maldición Bloguera:

Se acerca el día de vuestro final. Muy pronto el rayo justiciero caerá inflexible sobre vosotros y vuestra sufrida silla, vuestros ebox de bolsillo cual cortocircuito epiléptico, epigrama encendido de rampazos computarizados. En vuestro portal se orinarán los perros. Muy pronto las raposas horadarán las pestañas de vuestros ordenadores. Todo será reducido a cenizas. Los dedos de vuestras entradas y enlaces serán cortados de cuajo. Vuestros registros, comentarios y ventanas serán marcados por el ángel exterminador. Vosotros, piratas de la naturaleza, habéis saqueado la imaginación. Os limitáis cual monos titiriteros a copiar y pegar frases hechas, rizar el rizo, fotocopiáis hasta el canon. ¡Sois vosotros mismos una fotocopiadora en persona! Ni el más potente de vuestros cortafuegos podrá apagar el incendio de vuestras pantallas.

Porque no hay nada bajo el sol que vosotros no hayáis suplantado, ennegrecido. Gato por liebre dais de comer al mundo. Vosotros, los fabricantes de imágenes adulteradas, los que convertís en boñiga de vaca la ambrosía más natural y sagrada. Donde hay oros colocáis reyes, borbones donde doblones, donde hay paz ponéis bastos. Multiplicáis panes amargos para alimentar la idiotez de una muchedumbre sedienta de analfabetismo y consumo. Dais fe de que los burros vuelan. Magos publicitarios, prestidigitadores del verbo, encubridores y malabaristas del lenguaje cibernético, sacáis de vuestras teclas conejos abortivos, palomas con buche de gavilán, lobos con piel de oveja, toda una selva entera de animales clonizados por la ingeniería genética de vuestras malas artes y programas, de vuestras correos circulares, infinitos, de vuestras endiabladas ofrendas, oraciones al teísmo artificioso, el becerro de nuestros tiempos, la lengua adulterada, la repetición impersonal.

Vuestras letras, cromosomas ilegibles, forman la cadena de una humanidad vendida al diablo de la virtualidad, a los impostores de la historia. Vuestros poemas ocultan los hechos, vuestras reflexiones tuercen el sentido, vuestras narraciones son espejos retorcidos de mentiras convincentes, vuestras entradas no resisten la lógica del corazón, ni el corazón de la lógica. Seréis engullidos por el sumidero de las cloacas al vacío ciberespacial porque ensordecéis la música, plagiáis la puesta del sol, suplantáis el amanecer con vuestros emails satinados, reenviados y precocinados.

Por vuestra culpa ya no huelen las flores, el agua no ríe en el arroyo, ni dibujan sueños las estrellas en su original encerado de la Vía Láctea. No canta la alondra en las noches de luna llena. Sólo se oye el morse negro de vuestro repiquetear atrincherado y distante. Hortelanos de salones de plástico habéis secuestrado la creación. Enjaulado tenéis el ciprés en vuestra raquítica pluma; el valle de lirios, acorralado en una pantalla de plasma sintético. El tufo de unas pilas requemadas, condensadores marchitos del espectro solar ahogaron el olor a hierbabuena, la brisa del mar, el beso, el aire. Avariciosos coleccionistas de mariposas disecadas habéis reducido a garabatos los colores del atardecer.

Hasta a la misma Maldición Bloguera habéis contaminado con el rococó de vuestro hipérbaton artificioso, prefabricado y contrahecho. Prueba de ello: esta diatriba carente de rigor y compulsiva de la que me avergüenzo.

¡Anatemas seáis!