
La derrota más dura es el silencio inferido. Una boca callada puede arrojar contra el otro la humillación más cruel.
El que dos personas que se odian, no se hablen, no desentona ni sorprende. El escándalo es no hablar a quien amamos a muerte, negarle un hola, un te quiero, decirle que mala cara tienes, o no darle los buenos días.
En este mundo sonoro a manta el silencio es una injuria, una injusticia; y las palabras: el día. La noche de las mentiras, y el día de las verdades.
La madre le dice al hijo un instante después de muerta:
"¡Contigo ya no me hablo!"Y el hijo, desde niño acostumbrado a escuchar nanas y melodías de sus labios calmos, se ve huérfano como un árbol sin raíces al que le han cortado la guía. Y no siente que la madre se quedó muda para siempre, sino también sorda. Y es que el hijo ya no tiene a quien contarle que su mujer tuvo una niña con los ojos verdes de su abuela.